viernes, 26 de octubre de 2012


 JOHN LENNON


“¿Eres hippie? No, soy un beatle.” Es lo que respondió, con total sencillez,  John Lennon cuando le hicieron aquella pregunta.

Cuando las bombas de la segunda Guerra Mundial caían en Liverpool, John Lennon nacía un 9 de octubre de 1940;  Inglaterra estaba en una completa crisis.

Lennon fue criado por su tía Mimi, hermana de su mamá que lo había abandonado. Mimi era una mujer muy dulce pero a la vez correcta, crió  a John como a un hijo propio; hasta que él decidió conocer a su madre a los 16 años.

Y fue su mamá quién le regalo su primera guitarra y también lo apoyo en todo con respecto a la música, pues Mimi se oponía a que John fuera músico.

Todo este contexto en el que creció John fue el que lo formo como tal, un joven rebelde, furioso y brillante, amante de la música, pintura y literatura.

En la secundaria conoció a Paul McCartney, la amistad entre ellos fluyo al instante pues los dos compartían el mismo amor por la música y ambos sentían que tan solo con una guitarra en sus manos eran felices.
A los dos años conocieron a George Harrison, y junto a otro muchacho comenzaron a tener sus primeras presentaciones, con gran acogida. Luego se les unió Ringo Star y con el tiempo, entre los 4, se formó The Beatles, sin saber lo famosos que serian.

A pesar de ser parte de una de las bandas más exitosas del mundo, John, jamás perdió su esencia; seguía siendo el mismo joven rebelde y furioso y esto lo demostraba en cada concierto, presentación o declaración hacia la prensa.

En 1966 John conoce  a Yoko Ono en una exposición de arte  y desde ese día se hicieron inseparables, compartían muchas cosas como el amor al arte, ella lo apoyaba absolutamente en todo hasta en cada protesta que John hacía en contra de la guerra.

Empezaron los problemas como banda en los Beatles, John detestaba hacer música tan comercial como la que hacia Mccartney, tal vez ese fue el detonante de su separación.

Un 8 de diciembre de 1980, John regresaba a su casa en el edificio Dakota en Nueva York, tras un día agitado de haber sido fotografiado junto a Yoko Ono para la revista Rolling Stone y haber ido su ultima entrevista para un programa músical.  Un fan disparo 5 balazos contra él; el cuerpo de John cayo tendido en el suelo, mientras Yoko Ono, el portero del edificio y un taxista quedaban sorprendidos, inmediatamente el portero le puso su abrigo a John y llamo a la policía, luego llevaron a John al hospital. John murió.
Yoko no lo podía creer y también fue llevada al hospital llorando y en estado de shock.

En todos los diarios, periódicos y noticieros, la noticia era publicada, miles de fans de todas las edades se reunían en plazas y parques de todo el mundo para rendirle homenaje al ex Beatle, cantando y rezando por el, como lo pidió Yoko Ono en su declaración despues del asesinato. 

UNA CALLE QUE DA AL  MAR

Dos jóvenes caminan lentamente  por el malecón de Chorrillos, de una forma pausada y sigilosa, lo observan todo con las manos en los bolsillos.

Uno de ellos, el más alto, parece despreocupado, y sigue caminando mientras silba  una canción de Colón, el otro en cambio, voltea la cabeza a cada momento, como si supiera que alguien esta por atacarlo.

El joven que iba silbando se detiene a ver el atardecer, al parecer el sol se refleja en sus ojos, que se muestran pequeños y rojos, el otro joven sigue caminando y sólo se detiene cuando nota que su compañero de caminata ha dejado de silbar, en ese instante voltea y ve a un patrullero de la policía entrar a la esquina.

Él que observaba el mar deja de hacerlo para seguir caminando, mientras el otro no lo duda, y guarda rápidamente el encendedor que llevaba en las manos, la camioneta de la policía se ha detenido y lo observa todo.

En el malecón solo está la camioneta y los dos jóvenes, el sol se esconde poco a poco  y el patrullero decide avanzar prendiendo las sirenas. Uno de los jóvenes arroja hacia el barranco  el residuo de un cigarrillo de marihuana que llevaba en las manos.

El sol ya cada vez se nota menos y en un rincón de la calle, un policía tiene contra a la pared a dos jóvenes, el sonido de las sirenas opaca el de las olas del malecón de Chorrillos.

UN BEATLE EN PERÚ

“Paul Mccartney en Lima”, eran los titulares en los diarios limeños.  Mccartney llegaría a Lima en mayo para presentar su “Up and Coming Tour”  en el Estadio Monumental.

Las entradas salieron a la venta un mes antes del  esperado concierto  y se vendieron como pan caliente. Niños, adolescentes, hombres y mujeres mayores de 50 años madrugaron por conseguir sus entradas en los mejores lugares.  

El ex Beatle llegó  un domingo 8 de mayo en que  se celebraba el Día de la Madre, y eso no impidió que en los exteriores del hotel, en el que se hospedaba, la multitud llegase; madres juntas a sus hijos esperaban en la puerta ver al ídolo tal vez asomarse a la ventana de su habitación para saludar.  
Mientras en el hotel la gente cantaba para hacerse sentir ante Mccartney;  en los alrededores del estadio Monumental se instalaban carpas donde grupos de amigos peruanos y extranjeros armaron una fiesta increíble y tan pronto sucedió esto las cámaras de televisión empezaron a llegar.

La mañana del concierto, en las afueras del estadio, se vivía un ambiente de emoción combinado con los nervios de ver a  Sir Mccartney.

Eran las 5 de la tarde y la gente empezaba a ingresar al estadio. Todos corrían, como en una carrera de atletismo, por escoger sus ubicaciones deseadas.
La incomodidad fue casi insoportable, todos los asistentes al concierto estábamos comprimidos, unidos por un Beatle.

Al aproximarse las 9:30 de la noche, la gente cada vez se impacientaba; las olas y el “ole ole ole” retumbaban en el estadio con una cantidad impresionante de almas.
De pronto las luces se apagaron, la multitud se cayó y Paul Mccartney aparecía en el escenario, abriendo el concierto con “Hello, goodbye”.
Al mismo tiempo que Mccartney aparecía en el escenario, por las mejillas de algunos de los fanáticos caían lagrimas de emoción.

Fueron 2 horas en las que el público no dejo ni un momento de saltar, gritar, cantar y en algunos casos hasta llorar pues muchos de los presentes habían tenido el sueño que parecía imposible de ver aunque sea un Beatle.

Mccartney se despidió diciendo: Adiós Perú, los veo la próxima vez”, el público quedo satisfecho pero esperando verlo otra vez en suelo peruano.